martes, 28 de octubre de 2008

“Pues, ¿qué gana el hombre con todos sus esfuerzos y con tanto preocuparse y afanarse bajo el sol?” (Ecl. 2:22, NVI).

Salomón, anciano y amargado, había perdido el rumbo; por eso, todo el conocimiento y la sabiduría que había adquirido significaban poco para él. En contraste, la sabiduría de la que habla en Proverbios es una sabiduría centrada en el conocimiento de Dios, la Fuente de toda verdadera sabiduría y conocimiento. Este punto resulta más fuerte cuando Salomón vincula el conocimiento y la comprensión con Dios, como el Creador ("Jehová con saboduría fundó la tierra; Afirmó los cielos con inteligencia" Proverbios 3:19); lo que demuestra otra vez cómo el fundamento de todo conocimiento y sabiduría comienza con Dios. Nota, también, que esta sabiduría no es solo un concepto teológico abstracto con respecto a la naturaleza de Dios o los límites de la omnipotencia. En cambio, en estos versículos de Proverbios podemos ver un elemento práctico: la verdadera sabiduría se reflejará en la manera en que vivimos nuestras vidas. Salomón, al perder el rumbo, perdió la verdadera sabiduría que una vez tuvo y encontró, en cambio, solo la sabiduría terrenal, la clase de sabiduría que existe bajo el sol. De aquí que para él todo llegara a ser vano, carente de sentido y aun una fuente de dolor.

“Él [Salomón] nos presenta la historia de su búsqueda en pos de la felicidad. Se dedicó a cultivar su intelecto; satisfizo su afán de placeres; llegó a cabo sus proyectos comerciales. Estaba rodeado por el fascinante esplendor de la vida de la corte [...]. “Salomón se sentaba sobre un trono de marfil, cuyos peldaños eran de oro macizo y estaban flanqueados por leones de oro. Sus ojos reposaban en la contemplación de los hermosos jardines celosamente cultivados que se extendían ante él. Ese panorama era una visión de belleza. [...] Pájaros de plumajes diversos y brillantes volaban de un árbol a otro, enriqueciendo el aire con sus cantos. Jóvenes asistentes, magníficamente vestidos y adornados, estaban a sus órdenes, listos a obedecer sus mínimos deseos. Se habían dispuesto escenas de orgías y música, deportes y juegos para entretener al monarca, a un costo enorme. “Pero [...] la disipación había grabado sus huellas en ese rostro antes despejado e intelectual. [...] Su ceño revelaba preocupación y desdicha. [...] “Sus nervios destrozados y el desgaste de su organismo evidenciaban el resultado de la violación de las leyes naturales. Confesó que había desperdiciado su vida, en infructuosa carrera en procura de la felicidad” (Meditaciones matinales página 172, EGW).

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